La voz de tantas maldades, y el respeto perdido á los tribunales superiores, llegó á Chuquisaca, cuya real Audiencia, en 6 de Noviembre de 1583 dió comision al capitan Francisco Arevalo Briceño, alguacil mayor de la Audiencia de Charcas, para prender á Lerma, y llevarlo preso á Chuquisaca para hacerle los cargos correspondientes á sus procederes. Briceño efectuó la prision sin ruido, alegrándose todos de ver al lobo enredado en los lazos que tenia armados para otros. Llevado á Chuquisaca, se empezó la residencia, pero llegando el juez á quien privativamente estaba cometida la real Audiencia, alzó mano, y fué conducido en prisiones á Tucuman.

El juez era D. Juan Ramirez de Velazco, en cuyas venas latía la nobilísima y antiquísima sangre de los reyes de Navarra: caballero benemérito por sus servicios en las campañas de Sena, Milan y Flandes, en el alzamiento de los Moriscos de Granada, y en la toma de Portugal: habia hecho doce viages á las Indias, y contaba treinta años de servicios calificados en utilidad de la monarquía. Era de inflexible rectitud y natural conmiseracion con los pobres indios. No pudo llegar á Tucuman hasta el presente año, y trajo consigo de Chuquisaca á Lerma para entender en su residencia.

Con su atractivo, y amables prendas se concilió la voluntad de los primeros conquistadores, y espuso á Su Magestad los servicios de cada uno para que los premiára, segun la graduacion de los méritos. Restableció el estado eclesiástico en su debido honor, convidando con expresiones de singular veneracion á los ministros del Señor, que se habian ausentado por los desacatos de Lerma, para que se restituyeran á la Provincia. En el primer año de su gobierno se efectuó la entrada de los jesuitas en el Tucuman.

El bárbaro Calchaquí, que unas veces daba fingida paz, otras se declaraba en manifiesta guerra, daba cuidado, especialmente á la nueva ciudad de Salta, de cuya existencia pendia la franca comunicacion con el Perú: y aunque el Gobernador Velazco, desde el principio quizo enfrenar su atrevimiento, ocupado en la visita y otros negocios del gobierno, no le fué posible hasta el año de 1589, en el cual al frente de cien españoles y trescientos indios flecheros, llevando en su compañia al celosísimo P. Alonso Barzana, entró á Calchaquí con el fin de domar la cerviz del insolente enemigo.

No eran esos los pensamientos del P. Barzana, el cual como santo los tenia de paz y reconciliacion, intentando con buenos términos amansar al leon. En efecto el siervo del Señor, confiando en Dios, adelantándose á los españoles, se presentaba intrépido al ejército Calchaquí, los cuales armados de arco y flecha para matarle, templaban su ferocidad con pocas palabras que les decia, y se daban de paz. Vez hubo, que estando los dos campos para presentar la batalla, se interpuso el P. Barzana, los desarmó y redujo á tratados de paz. Todo el valle y sierra de Calchaquí quedó allanado á esfuerzos de su fervoroso celo, el cual, sin uso de armas, sín efusion de sangre y en poco tiempo, consiguió lo que las armas españolas no efectuáran en mucho.

Pacificado el Calchaquí, se restituyó el Gobernador Velazco á Santiago, y entendió en los negocios de gobierno. Los indios de encomienda, con su diligencia, convertian sus faenas en útiles emolumentos: trabajaban en los obrages de lana y beneficio de los tintes, cuyos efectos transportados al Perú producian oro y plata. Embarazosa cuestion fuera averiguar si los antepasados fueron mas ricos y opulentos que los presentes. Lo cierto es que fueron mas laboriosos, y tuvieron corrientes las maniobras que utilizaba incomparablemente la provincia.

Restituido de Calchaquí, y concluida la residencia de Lerma, el Gobernador Velazco lo despachó preso á la corte, donde murió en prisiones con tanta pobreza, que no tuvo para enterrarse.

El Adelantado Juan Torres de Vera y Aragon gobernó muchos años la provincia, al principio por tenientes generales, y personalmente desde el año de 1587, con plena satisfaccion de los españoles, paz y quietud de los indios. Aunque podia prometerse honrada y sosegada ancianidad en prosecucion del adelantazgo, sobre el seguro de los méritos adquiridos y acatamiento con que todos le miraban, reconociéndole padre y fundador de la Villa Rica, Xerez, Buenos Aires, Concepcion y Corrientes, el dulce amor de su patria, Estepa en Andalucía, le movió á renunciar el adelantazgo, por los años de 1591.

Por el mismo tiempo, ó entrado ya el año de 1592, se rebelaron los Mogosnas y Frentones, sitos en las vecindades de la Concepcion del Bermejo, alzados por sus hechiceros, los cuales, temiendo ser derribados del alto sólio en que estaban por los PP. Alonso Barzana y Pedro Añasco, que á la sazon evangelizaron el reino de Dios en las vecindades del Bermejo, sublevaron los paisanos, prometiéndoles feliz suceso con el auxilio de sus dioses, que conspirarian en su ayuda contra los españoles, impíos tiranos de su libertad. Los Mogosnas creyeron á los hechiceros y dieron principio al alzamiento con la muerte de algunos españoles, y de D. Francisco de Vera y Aragon, hermano de D. Alonso de Vera, el fundador de la Concepcion, y teniente actual de la ciudad.

El sentimiento de D. Alonso por la muerte del hermano fué grande, y resolvió la venganza castigando á los rebeldes. Para lo cual juntó sus milicias, y aliandose con algunos indios de mayor confianza, dió sobre ellos, y mató gran número de amotinados. Los demas se confederaron con los Frentones y otras parcialidades de indios, y empezaron á fatigar tanto á los Concepcionistas y con tal obstinacion, que les obligaron á desamparar la ciudad, retirándose sus moradores á las Corrientes, el año de 1632, casi al cuadragésimo-séptimo de su fundacion. Materia verdaderamente sensible, por lo que facilitaba el comercio de Tucuman, y digna de que algun ministro adquiera nombre grande, y haga méritos para nuevos ascensos con su reedificacion.