HACIA UNA MORAL SIN DOGMAS

1. Independencia de la moralidad.—2. Una asociación religiosa libre.—3. Sociedades de cultura moral en Estados Unidos.—4. Algunos antecedentes del eticismo inglés.—5. Las iglesias éticas.—6. El culto religioso de la moralidad.—7. Espontaneidad y evolución de la moralidad.—8. Síntesis del pensamiento eticista.—9. El porvenir del eticismo.

1.—Independencia de la Moralidad

Los principios éticos fundamentales en el pensamiento de Emerson, además de influir poderosamente sobre las iglesias norteamericanas, determinando su atenuación dogmática e intensificando su ética social, reaparecen más puros en el movimiento de que vamos a ocuparnos: las sociedades de cultura moral, independientes de las iglesias tradicionales.

"America shall introduce a pure religion", había pronosticado Emerson. En su sentir, pura, significaba depurada de todo contenido sobrenatural, ajena a todo preceptismo teológico, adaptable a toda verdad conquistada por la ciencia, encaminada a exaltar en el hombre la autoeducación, la confianza en el propio esfuerzo, el culto del deber social.

En la evolución de las iglesias no-conformistas estas ideas fermentaban desde principios del siglo XIX, sin atreverse a romper decididamente sus ataduras tradicionales. Channing había proclamado ya, sin ambajes, que el ideal de los unitarios era anteponer la comunidad de los sentimientos éticos a la identidad de las creencias individuales, al mismo tiempo que reiteraba la absoluta supremacía de la razón como autoridad cardinal en materia religiosa. Humanizando el concepto del amor a Dios, sostenía que era exactamente equiparable con el amor a la virtud y a la justicia; de ello deducía, legítimamente, que el cristianismo debía consistir en la práctica de la virtud y en el anhelo de la justicia, antes que en la adhesión escueta a un credo cuyos principios pudiera fijar la teología dogmática.

Con Emerson y los trascendentalistas esas tendencias se acentuaron a punto de que su actitud pareció de franca hostilidad a todas las iglesias cristianas; y aunque no negaban que dentro del cristianismo, y sólo dentro de él, debían operarse las evoluciones que reputaban necesarias, Alcott se vió tratado como un reformador peligroso, Teodoro Parker fué sindicado como ateo, y el mismo Emerson despertó desconfianzas entre los que adherían al tradicionalismo.

Su propaganda, empero, hallaba eco en todos los hombres emancipados. Al fin los "unitarios radicales" declararon (1866) que la completa libertad de pensar era el derecho y el deber de cada hombre, dando un sentido más amplio y liberal a las afirmaciones de Channing sobre la innecesaria conformidad de creencias, siempre que se conservara la unidad de aspiraciones morales. Y de esta extrema izquierda, cada día más encarrilada en la heterodoxia, nació, en 1867, la primera asociación de cultura moral que se propuso realizar sus fines fuera de toda comunidad cristiana.