A un mismo tiempo dos importantes núcleos de cuáqueros y de judíos, acentuaron sus respectivas disidencias en dirección análoga. Los "amigos progresistas" identificaron su religión con el bienestar físico, moral y espiritual de la humanidad, pidiendo el concurso de todos los que anhelaran mejorar y embellecer la vida del hombre, sin diferencias de dogma; los "judíos liberales", cada vez más adaptados al ambiente americano, siguieron las mismas huellas que los unitarios radicales.

Digamos, desde ya, que el valor práctico de estas asociaciones éticas ha dependido de las oportunidades que ellas han ofrecido a los hombres de temperamento místico que ya no creían en los dogmas de las iglesias establecidas. William James, en sus excelentes conferencias de Edimburgo sobre la experiencia religiosa, insistió constantemente sobre la distinción necesaria entre la religiosidad personal y las religiones organizadas en iglesias; e hizo notar, con su habitual sagacidad de psicólogo, que la religiosidad es primaria e independiente del contenido secundario y dogmático de las teologías. Por eso debemos ver las sociedades éticas como un sustitutivo de las iglesias, y el culto de la moralidad como un equivalente del culto de otras divinidades; conocer la inexactitud de las tradiciones dogmáticas no implica para los temperamentos místicos librarse de su instintiva religiosidad, que es el producto de una acumulada herencia secular. Muchos hombres, aún variando sus ideas sobre la divinidad, no consiguen prescindir de esa contextura sentimental que los induce a buscar la emoción de lo divino.

Ya que tales temperamentos existen ¿no es posible encauzar su misticismo hacia una acción moral intensa, benéfica para la sociedad? ¿Pueden los ideales morales sustituir a los dogmas religiosos? ¿La evolución de la sociedad hacia esos ideales podrá efectuarse dentro de las iglesias contemporáneas?

¿Son un exponente de esa evolución las sociedades de cultura moral? ¿Su instrumento más eficaz será la educación moral impartida en la escuela pública? Sin ofreceros una respuesta a esas interesantes preguntas, pues no soy profeta, os diré lo que he visto o leído, muy satisfecho si en alguno de entre vosotros despertara una curiosidad simpática por estos hechos.

2.—Una Asociación Religiosa Libre

Las precedentes iniciativas encaminadas a la separación de la moral y el dogma, tuvieron expresión concreta en la constitución de una sociedad religiosa libre, la "Free Religious Association" que, en 1867, se declaró independiente de todas las sectas cristianas. Propúsose, en consonancia con los preceptos de Emerson, "favorecer los intereses prácticos de la religión pura", dejando a sus miembros la responsabilidad individual de sus creencias religiosas, sin exigirles más que su conformidad con el mejoramiento humano obtenido por la práctica de la virtud, la investigación de la verdad, el desarrollo de la solidaridad y la aspiración a la justicia social.

Esta sociedad religiosa libre equivalía estrictamente a las sociedades que en los países latinos se denominan de libres pensadores o de creyentes libres. La diferencia de actitud entre aquélla y éstas, fué lógica dentro de la mentalidad dominante en unos y otros países. Los anglo-americanos, respetuosos de la costumbre, prefieren afirmar su liberalismo como una reforma de las costumbres religiosas existentes, más bien como un esfuerzo por mejorarlas que como un propósito de destruirlas; los latinos, sin duda por ser mayor la estabilidad e intolerancia de su religión, no pueden ser liberales sino contra ella misma, para combatirla antes que para transformarla. ¿Por qué? Es sencillo. El cristianismo católico, llevado hasta la proclamación dogmática de la infalibilidad papal, excluye todas las transformaciones legítimas exigidas por el aumento progresivo de la cultura social; el cristianismo disidente, en cambio, las consiente, por la afirmación del principio del libre examen. Lo que puede criticarse y mejorarse merece respeto; lo que se reputa infalible e intangible, sólo deja la posibilidad de su abandono y sustitución. Por este motivo es fácil comprender que la evolución liberal del mundo cristiano se presente en los países educados en el libre examen con los caracteres de un movimiento de progreso religioso, y en los países educados en la intolerancia como una lucha abierta contra las religiones que excluyen la posibilidad de su propio progreso.

En la Free Religious Association persistió cierto espíritu irreligioso que no era nuevo entre los unitarios más radicales; de allí cierta falta de cohesión que acabó por producir la decadencia de la sociedad, confirmando un precepto emersoniano: las personas no pueden juntarse sino para la acción, para hacer en común, y nunca para dejar de hacer lo que ya no les interesa.

Cuando falta comunidad de sentimientos, no existe religión. Es el misticismo de los individuos lo que establece entre ellos la unidad de acción. La asociación religiosa libre era una sociedad de incrédulos que no querían parecerlo, olvidando que tras su irreligiosidad había una cuestión de temperamento. Observa Augusto Sabatier, en su Esbozo de una filosofía de la religión, que las llamadas "religiones naturales" no son tales religiones, sino artefactos intelectuales de personas que carecen de sentimientos místicos y no saben comunicarse con su divinidad racional por medio de la oración. Por eso mantienen una distancia entre el hombre y la divinidad, sin ningún comercio intenso, sin buscar una acción de ella sobre el hombre, fuera de la que naturalmente fluye de las leyes naturales. En el fondo, estas pretendidas religiones le parecen simples filosofías; nacidas en una época de racionalismo y de historiografía crítica, nunca han sido otra cosa que abstracciones nominales, sin contenido alguno místico. Por eso veremos que, poco a poco, en las sociedades éticas fué penetrando un misticismo que en sus comienzos quisieron evitar; su función de aunar voluntades para la acción moral sin dogmas, habría sido ineficaz mientras la masa de sus miembros no fuese animada por la levadura de una fe nueva. Sólo así se satisfacen los temperamentos religiosos; nunca por simples doctrinas de arquitectura racional.

3.—Sociedades de Cultura Moral en Estados Unidos