b).—El amor del bien y el amor de nuestros semejantes son los móviles primarios de la conducta moral; las verdaderas fuentes de ayuda son la confianza en sí mismo y la cooperación.
c).—El conocimiento del bien ha evolucionado a lo largo de las experiencias hechas por la humanidad, y nosotros, que abogamos por un ideal progresivo de justicia personal y social, debemos tomar como punto de partida las obligaciones morales generalmente aceptadas por las comunidades civilizadas.
d).—La autoridad suprema, en cuanto a la moralidad de una opinión o de una acción, es para cada individuo su propio juicio, concienzudo y razonado, después que él habrá tomado en consideración las convicciones de los demás.
e).—En vista del bienestar de la sociedad, es necesario establecer las condiciones, económicas y de toda índole, que favorecerán mejor el desarrollo integral de cada individuo.
f).—Conviene aplicar el método de las ciencias positivas al estudio de la experiencia moral.
g).—La vida moral no implica la adopción o el rechazo de la creencia en ninguna divinidad personal o impersonal, ni en una vida después de la muerte.
h).—No debe hacerse depender el ingreso a una sociedad eticista de la adopción de tal o cual criterio último del bien.
i).—Las sociedades de cultura moral son el más poderoso medio de alentar el conocimiento y el amor de los principios que rigen la conducta moral, y de crear en sus miembros la fuerza de carácter necesaria para convertirlos en acción.
Consecuente con el principio que pone en la sociedad humana las fuentes de la moralidad, dedica preferente atención a las cuestiones sociales, no descuidando fenómeno alguno que pueda constituir un tema de estudio o que pueda servir para el desenvolvimiento de una actividad moralizadora. En 1910 la Unión publicó una interesante Declaración sobre las cuestiones sociales, cuyas bases pueden sintetizarse como sigue. El progreso moral de la raza—dice—está estrechamente vinculado a su bienestar material; necesitamos, pues, una legislación eficiente para asegurar a todos un trabajo dignamente remunerado, asegurando el bienestar de los que se encuentren invalidados para el mismo, dando a todos un hogar confortable, proporcionando descanso y recreo a cuantos los necesiten. Se reputa indispensable la reforma completa del régimen escolar inglés, haciéndolo laico y gratuito, educando ante todo el carácter, organizando sistemáticamente una instrucción cívica y moral. Auspiciar la igualdad civil y política de los dos sexos, una moral sexual equivalente para el hombre y la mujer, medidas legislativas para impedir los matrimonios eugénicamente peligrosos; lucha contra el alcoholismo y el juego; saneamiento de la prensa y de los partidos políticos; esfuerzos para ajustar las relaciones internacionales a una más alta moralidad que hasta el presente.