Cap. II.—La simulación en el mundo biológico

I. Generalidad de estos fenómenos en el mundo animal.—II. Sus grupos fundamentales.—III. Homocromía: permanente, variable y voluntaria.—IV. Mimetismo: permanente, variable y voluntario.—V. Mimetismo entre las especies animales: permanente, variable y voluntario.—VI. Simulaciones en función individual.—VII. Utilidad de estos fenómenos en la lucha por la vida.—VIII. Teorías propuestas para explicarlos.—IX. Conclusiones.

I.—GENERALIDAD DE ESTOS FENÓMENOS EN EL MUNDO ANIMAL

La simulación en los animales, representada por falsas apariencias, equivalentes a lo que en el hombre suele llamarse fraude o astucia, llena sin duda una de las páginas más interesantes escritas por los naturalistas. En la incesante evolución de todo lo que vive suele alcanzar la naturaleza expresiones magníficas de belleza, suscitando una admiración tan intensa como los mismos productos del arte humano.

Harmonías de colores y de matices, singularidades imprevistas de líneas y de formas, sorprendentes flexibilidades de funciones, súmanse para adaptar los organismos a las condiciones de vida que les son más favorables, produciendo sutiles y engañadoras ficciones que honrarían a un artífice ingenioso; todo ello constituye un rico filón de fenómenos sometidos a la observación del hombre de ciencia que contempla el mundo de las especies vivas. Ellas son los términos de las series en que los organismos elementales, complicando sus formas y sus funciones, han evolucionado a través de etapas multiseculares, hasta transformarse en la fauna actual, de que forma parte la especie humana.

Justo es que antes de estudiar las múltiples formas de simulación usadas por el hombre para luchar por la vida dentro de la sociedad, miremos un momento los fenómenos similares que se observan en las especies animales. Todos no tienen su misma significación psicológica; algunos carecen de ella por completo. Pero entre uno y otro extremo, entre el insecto que se asemeja a otro como simple resultado de la selección natural y el orador desvergonzado que finge las pasiones más caras a su auditorio, existe una serie gradual de hechos que muestran la relación entre lo accidental y lo consciente, entre lo instintivo y lo voluntario.

Nuestro estudio del interesante tema biológico es fruto, en parte, de observaciones directas; mas para su desarrollo global hemos analizado las descripciones de los naturalistas, en cuyo vasto material intentamos proyectar una mirada de conjunto. Procurando sistematizar los fenómenos estudiados, ensayamos una tarea no estéril; no obstante las bellas páginas de Wallace, ellos esperaban ser clasificados y explicados conforme a un criterio común. El conocimiento amplio de la bibliografía permite, en temas de esta índole, coordinar de manera precisa la labor de los investigadores, aclarando y haciendo comprensibles los hechos y explicaciones que, vistos en diseminado desorden, aparecen confusos e incoordinados.

Una reseña sintética, que sea, a la vez, un esfuerzo de sistematización, es siempre útil para los naturalistas y los biólogos. Ver ordenado metódicamente un conjunto de hechos dispersos, es de provecho para los estudiosos. Por nuestra parte, procuraremos obtener el poderoso argumento de los hechos en favor de nuestras inducciones acerca del valor de la simulación como medio de lucha por la vida.

No creemos aventurado afirmar que los fenómenos de simulación representan uno de los medios de lucha por la vida, ofensivos y defensivos, más generalizados en la serie animal; su difusión e importancia no es comparable, sin embargo, con la de los medios violentos. Como sólo estudiamos los fenómenos en conjunto, quien quiera analizarlos y observar su desarrollo progresivo, puede ocurrir a la interesante monografía en que Cuénot estudia los medios de defensa en los animales.

Para dar unidad a las ideas expuestas en este capítulo y a las observaciones en él reunidas, diremos que, en general, hay simulación, o mimetismo, toda vez que un animal, mediante la adaptación de sus caracteres exteriores a los seres y cosas del medio en que actúa—ya por la forma: homotipía; ya por el color: homocromía,—se beneficia en la lucha por la vida contra sus enemigos, contra sus presas, o contra el medio ambiente.