Lamarck, primero, y más tarde Darwin, observaron y comentaron los fenómenos de homocromía, sintetizables en este hecho general: los animales están disimulados a la vista de sus enemigos, o de sus presas por la semejanza entre su color propio y la coloración del medio en que viven. Los ejemplos son numerosísimos.

El color de los animales no es un resultado caprichoso del fiat creador, como suponían los divagadores metafísicos, ni un objeto de deleite para la vista humana, como podrían creer los poetas poco ilustrados. El color es un carácter útil en la lucha por la vida. Ciertos colores vistosos y llamativos son el resultado de la selección sexual, y otros colores adaptados al ambiente son resultado de la selección natural; ambos son ventajosos en la lucha por la vida y determinan la conservación de los mejores individuos de las especies más adaptadas a las condiciones del medio.

Wallace, cuyo capítulo sobre el mimetismo es clásico en la materia, se detiene sobre un hecho general e importante. Los colores, más o menos fijos y uniformes en las especies salvajes, son sumamente variables en los animales adaptados a la domesticidad: caballos, perros, gatos, pichones, vacas, etc. La diferencia es debida a que éstos son protegidos por el hombre en la lucha por la vida, mientras que los salvajes fían principalmente en la protección natural de su color.

Se ha observado que, en general, la coloración blanca es el tono predominante en los animales que viven en las zonas polares; el amarillo y el terroso es el color propio de los habitantes del desierto; el verde domina en las selvas tropicales perpetuamente frondosas. Los animales nocturnos son de colores obscuros.

Entre los animales blancos de las regiones árticas los hay cuyo color es permanente, siendo en otros transitorio. Entre los primeros recordemos el oso polar, la liebre polar de América, el halcón de Groenlandia; el carácter permanente de su color coincide con el hecho de vivir todo el año entre las nieves. Es notable que en regiones no polares, en los Alpes, la liebre, que vive a grandes alturas sobre el nivel del mar, siempre nevadas, es también de color blanco. La coloración homocroma permite a los carnívoros acercarse a sus presas sin ser vistos y a los herbívoros pasar desapercibidos a sus enemigos. Además, parece que el color responde, en parte, al objeto de impedir la irradiación y conservar mejor el calor animal durante el invierno.

En las extensas regiones áridas y desiertas de la superficie terrestre, la armonía de color entre el medio y los animales es igualmente notable. El puma americano, el león, el camello, todos los antílopes del desierto, los pájaros del Sahara, el pato salvaje de Egipto, el gato montés, etc., etc., tienen un color amarillo terroso, perfectamente adaptado al color del medio en que viven. Es lógico que, en un medio desprovisto de plantas o piedras para la ocultación, hayan podido sobrevivir más fácilmente, sin emigrar o morir, las especies mejor disimuladas para la ofensa o la defensa.

En las regiones tropicales, donde las ramas siempre son frondosas, encuéntranse especies enteras cuyo color predominante es el verde; por ejemplo: los loros. En cambio, en las regiones más templadas, donde las hojas son caducas y el invierno desnuda los árboles de sus adornos naturales, los pájaros poseen colores que imitan el de la corteza de los árboles, de las hojas secas, de los tallos desnudos, etc., entre los cuales están obligados a pasar el invierno.

En los animales pelágicos, que viven en los océanos, el hecho es fácil de comprobar; muchos de ellos son transparentes como el agua en que viven. Entre los moluscos y crustáceos hay numerosas especies en análogas condiciones, siendo singularísima la identidad de aspecto entre muchas conchas o caparazones, y las piedras o toscas a que están adheridas; es uno de los géneros más difundidos de mimetismo y el primero que llama la atención de los visitadores de un acuario. Hechos semejantes se observan en los peces. Los animales marinos de mayores dimensiones, que flotan en la superficie, están hermosamente coloreados de azul intenso o azul gris en el dorso, armonizándose con el color del mar, mientras su vientre es blanco; esto hace que, vistos por debajo, se confundan con la espuma de las olas o con las nubes.

Fuera de las adaptaciones generales de coloración, existen otras especiales, que llegan a caracterizarse por semejanzas de dibujo. Muchos animales rayados o manchados viven en sitios donde se proyectan sombras de hojas (manchas) y de tallos (rayas), teniendo en su color especial un medio de disimulación utilísimo en la lucha por la vida. En el clásico tratado de Wallace sobre "El Darwinismo" puede leerse un análisis detenido de esta cuestión singularísima.

Es de observación vulgar que los huevos de muchísimos animales—ovíparos, por supuesto—suelen adaptarse muy bien al color del medio donde se les deposita, siendo difícil descubrirlos; por eso los hombres de campo comparan frecuentemente las cosas difíciles de ver con los huevos de ciertos pájaros. Obsérvase también con frecuencia que los huevos de algunas especies presentan caracteres morfológicos que los hacen confundir con los pertenecientes a otras especies, hecho común cuando el animal no construye nido propio, obteniendo de esa manera la incubación necesaria para que la especie no se extinga. El hecho es harto conocido y está consagrado en refranes populares.