"Existen, dice S. Faure, naturalezas intrépidas y leales, demasiado saturadas de verdad y de franqueza para plegarse a las exigencias de la vil estrategia que obliga a ser mentirosos e hipócritas para no ser vencidos en la lucha por la vida. Lo que piensan esos caracteres fuertemente templados, salta a sus labios; gritan sus desagrados, sus rebeldías, sus indignaciones, de la misma manera que afirman sus aspiraciones y sus ideales. Si son obreros, se les arroja de los talleres como ovejas sarnosas que podrían contagiar la majada; si comerciantes, pierden su clientela y su crédito; si funcionarios, son destituidos; si escritores, se les quiebra la pluma; si hablan, se les condena al silencio de la prisión; sus mejores amigos los encuentran comprometedores; sus parientes los reniegan; su propia familia no les perdona que hayan levantado la voz indignada contra la mentira socialmente organizada; y la multitud, si es feroz, los tratará como a malhechores, si es indulgente los llamará locos. Tartufo es el rey; suyo es el triunfo. Decid a vuestro auditorio las necedades más viles, las más bajas adulaciones, y os aclamará; decidle la verdad, le será desagradable y os execrará." ¡Y alguien se asombra de que frente a la hipocresía social el individuo se incline a ser astuto y mentiroso, simulador y fraudulento, diplomata y estratega, táctico y disimulado! Sorprenderse de ello sería llegar al colmo de la ficción. Un mundo de farsantes y de hipócritas empuja al individuo a engañar a sus semejantes. Todo le dice: ¡Miente y simula!; él simula y miente. La culpa es de una moral social que tiene sus bases en la mentira; la educación está envenenada por ella; la tolerancia general agrava en cada uno esta triste aptitud de engañar para vivir.
V.—CONCLUSIONES
En las sociedades humanas, la lucha por la vida reviste múltiples aspectos individuales y colectivos; a cada forma de lucha el hombre adapta maneras especiales de simulación y disimulación. Existe un franco paralelismo entre las formas de lucha y las simulaciones correspondientes. Para el común de los hombres, "saber vivir" equivale a "saber simular"; sólo algunos individuos superiores, dotados de especiales condiciones para la lucha por la vida, pueden imponer su personalidad al ambiente, sin someterse a simular o disimular para adaptarse. Los hombres, en general, adáptanse tanto mejor al medio en que luchan por la vida, cuanto más desarrollada tienen la aptitud para simular.
Cap. IV.—Psicología de los simuladores
I. La psicología sintética y los caracteres humanos.—II. Los elementos del carácter y su combinación en la personalidad.—III. Los "hombres de carácter" y los "hombres sin carácter" en la lucha por la vida.—IV. La simulación como elemento del carácter.—V. Predominio de la simulación en la personalidad.—VI. Clasificación de los simuladores.—VII. Los simuladores por adaptación al medio ("astutos" y "serviles").—VIII. Los simuladores por temperamento ("fisgones" y "refractarios").—IX. Los simuladores patológicos ("psicópatas" y "sugestionados").—X. Conclusiones.
I.—LA PSICOLOGÍA SINTÉTICA Y LOS CARACTERES HUMANOS
Las diversas formas de actividad mental, indisolublemente unidas en la personalidad, intervienen como elementos armónicos en la constitución del carácter individual, que se exterioriza bajo la forma de conducta: conjunto de acciones y reacciones mediante las cuales el individuo se adapta al medio en que vive, o manera personal de reaccionar a las excitaciones recibidas del medio interior y exterior.—Lo que psicológicamente (para la personalidad individual) llamamos carácter, éticamente (para la personalidad adaptada al ambiente moral de la sociedad) se traduce por la conducta.
Podemos, pues, considerar al carácter como el instrumento psicológico de la conducta. Siempre es una expresión sintética de la psiquis humana, de la personalidad.
Taine, primero, y luego Ribot, al comentar su libro "La Inteligencia", insistieron sobre la necesidad de complementar las investigaciones de psicología general, analítica y abstracta, con estudios de psicología sintética y concreta, es decir, de psicología aplicada. "La psicología, cuyo objeto es el estudio de los fenómenos mentales, en general, no excluye en manera alguna el estudio de los seres reales, de los individuos que sienten y piensan. Así entendida, es y seguirá siendo una obra de clasificación, una taxonomía; ella determina los tipos y las variedades específicas. La psicología general permanecerá siempre muda a este respecto, pues, por su misma naturaleza, despreocúpase de lo que no es general; su obra consiste en clasificar los procesos mentales, sin inquietarse por las combinaciones resultantes de sus diversas condiciones. Al contrario de la psicología general, que es principalmente analítica, la psicología aplicada será, sobre todo, sintética, por lo menos en cuanto a sus fines". Y agrega el mismo Ribot, estudiando la psicología de los sentimientos: "Repetidamente, muchos autores han señalado, con razón, que el gran trabajo realizado hoy en el dominio de la psicología, debería completarse por estudios directamente opuestos; es decir, que la psicología analítica y abstracta tiene por complemento indispensable una psicología sintética y concreta. Como toda ciencia, la psicología procede por generalidades. Ya se ocupe de las percepciones o de los conceptos, de la asociación de ideas o de los movimientos, de la atención o de las emociones, ella toma esos hechos en todas partes donde los encuentra, en todos los hombres, en todos los animales, y trata de explicarlos, reduciéndolos a sus condiciones más generales. Parte de la suposición, implícita, que en cada hombre hay instintos y costumbres, fenómenos intelectuales, afectivos, voluntarios. ¿Pero en qué proporciones se combinan esos elementos para constituir las diversas individualidades psicológicas? ¿Qué múltiples combinaciones pueden producir? ¿Hay preponderancia de las emociones, de la inteligencia o de la acción? ¿La preponderancia de la una influye sobre el desarrollo de las otras?" (Psychologie des sentiments). Estas cuestiones son eminentemente prácticas y ajenas, por lo tanto, a la psicología general. Pero así como en medicina no hay enfermedades, sino enfermos, en psicología no hay una humanidad, sino hombres; todo no puede reducirse al estudio analítico general de cada fenómeno, pues la comprensión sintética no es desdeñable. Los elementos del carácter se combinan, no se suman simplemente; de allí que para conocer el conjunto no baste el conocimiento aislado de los componentes. El estudio sintético es más necesario a medida que se asciende de lo inorgánico, a lo orgánico, a lo consciente, a lo social. En suma, es justo decir que la psicología analítica y abstracta tiene por complemento indispensable una psicología sintética y concreta... El problema capital de esta última reside en el campo de la acción, no del conocimiento. Es práctico. Consistirá en determinar los principales tipos de individualidad, según su manera de actuar y de reaccionar, originada en los sentimientos y en la voluntad. Eso desígnase con un término, un tanto vago, consagrado por el uso: el "carácter". Es decir, consistirá en el estudio de la conducta como resultado del carácter individual.