Todo médico ha visto enfermos disimulando sus dolencias para abandonar la cama o conseguir la supresión de una dieta desagradable. Otros se dicen convalecientes para volver a tareas habituales que la enfermedad les obliga a descuidar. Entre los enfermos cuya asistencia impone el aislamiento o la reclusión, suelen observarse disimulaciones para apresurar la vuelta al seno de la familia y de la sociedad.
Disimulan sus enfermedades cuantos están obligados a probar que gozan de perfecta salud para ser admitidos en un establecimiento o corporación, o para aspirar a ciertos empleos; nunca faltarán médicos complacientes que se hagan cómplices activos de estas disimulaciones, expidiendo certificados falsos. Entre esas simulaciones de la salud existe un grupo especial que recientemente ha alcanzado extraordinaria importancia en medicina forense.
El desarrollo de las instituciones de seguros sobre la vida ha producido formas especiales de simulación para explotarlas fraudulentamente. Sujetos poco escrupulosos aseguran en su favor la vida de parientes enfermos; rara manifestación de la lucha por la existencia, cuyo estudio agregaría un capítulo interesante a la psicopatología de los parásitos sociales.
El número de estas disimulaciones para explotar el seguro es alarmante; han sido objeto de estudio especial en el "Primer Congreso de los médicos de las Sociedades de seguros", celebrado en Bruselas en Septiembre de 1899. Fundándose en estadísticas precisas, Weir Manton demostró el aumento de las disimulaciones por estos dos hechos: 1.º. La mortalidad de los asegurados durante los dos o tres primeros años siguientes a la celebración del contrato es mucho mayor que en los seis o siete años posteriores; 2.º. La mortalidad en las diversas formas de seguro es inversamente proporcional al monto de las primas; los seguros con primas menores son, proporcionalmente, más nefastos que los seguros con primas que aumentan con el transcurso del tiempo.
Desde el punto de vista médico legal, en esos casos sólo hay verdadera simulación de la salud cuando el sujeto conoce su enfermedad; si la ignora no hay disimulación de enfermedad, sino simple desconocimiento, y su fraude involuntario no podría legalmente considerarse como delito. En tales casos suele tratarse de una víctima de la avaricia de sus parientes o amigos, informados por el médico de un pronóstico desconocido por el enfermo.
VII.—CONCLUSIONES
Las simulaciones de estados patológicos se encuadran en el principio común a los demás fenómenos de simulación, siendo, como todos ellos, simples medios adaptativos a las condiciones de la lucha por la vida. Sus móviles más comunes son tres: la explotación de la beneficencia, eludir el servicio militar y la simulación de la locura para obtener la irresponsabilidad penal. Son casos particulares de la ley general que comprende a todos los fenómenos de simulación.
NOTAS:
[10] Estas opiniones acaban de ser confirmadas por el movimiento eugenista, rápidamente difundido.—(Nota de la 3.ª edición).
[11] Se simulan defectos físicos, estados patológicos generales y enfermedades constitucionales; inaptitud física, debilidad general, miseria orgánica, anemia. Síntomas aislados: fiebre, hiperemia, dolores vagos o localizados, cefalalgia, neuralgias, escrófula, escorbuto. Enfermedades nerviosas: epilepsia, histerismo, sonambulismo, catalepsia, córea, temblores convulsivos, rabia, tétanos, parálisis. Enfermedades mentales. Enfermedades de la vista: de la agudeza, del campo visual, de acomodación, de percepción, midriasis hipermetropía, miopía, ambliopía, amaurosis, hemeralopia. Enfermedades del aparato auditivo: sordera, supuraciones. Aparato digestivo y anexos: saburra gástrica, disfagia, gastralgia, enteralgia, vómitos, hematemesis, enterorragia, hemorroides, cólicos, diarrea, hernia. Aparato respiratorio y anexos: pólipos, ozena, epistaxis, tos, hemoptisis, tuberculosis, asma, tartamudez, mutismo, afonía, sordomutismo. Circulatorias, torácicas, y raquídeas: desviaciones del raquis, palpitaciones, síncope. Génito-urinarias: uretritis, estrecheces, chancro, varicocele, hidrocele, espermatorrea, incontinencia, cálculos, cólicos nefríticos, hematuria, albuminuria, glicosuria. Piel: tiñas diversas, erisipela, erupciones vesiculosas y pustulosas, sarna, pénfigo, erupciones papulosas, manchas y coloraciones anormales; cianosis, úlceras, escrófulas, flemones, bocio. Aparato locomotor: claudicación, contracturas, deformidades y desviaciones de los miembros. Se simulan heridas y traumatismos de toda clase, siendo muy grande su importancia en medicina legal. No son raras las mutilaciones voluntarias, que se simulan producidas accidentalmente.