Cap. VI.—Evolución de la simulación en las sociedades humanas
I. Criterio sociológico para abordar su estudio.—II. Evolución de la lucha por la vida entre los hombres.—III. Evolución de los medios violentos y fraudulentos en la lucha por la vida.—IV. Disminución regresiva de la simulación en las sociedades humanas.
I.—CRITERIO PARA ABORDAR SU ESTUDIO
Partimos de esta base, ya cuidadosamente cimentada: la simulación es un medio fraudulento de lucha por la vida. En este capítulo determinaremos su evolución, estudiándola entre los medios fraudulentos en general, como forma de lucha opuesta a los medios violentos. Para ello comenzaremos examinando brevemente la evolución de la lucha por la vida entre los hombres; y ésto nos impone fijar previamente el criterio sociológico con que entraremos a ese examen.
La sociología es una de las disciplinas científicas más tardíamente desarrolladas; correspondiéndole estudiar fenómenos muy complicados, su constitución ha sido posterior a otras que se ocupan de problemas menos complejos. No se ha llegado todavía a fijar definitivamente el pensamiento de los estudiosos acerca de sus criterios fundamentales. Como observara, con su habitual clarividencia, A. Loria, (en la "Rivista di Sociología"), esta ciencia necesita cierta unidad de criterio que sirva de espina dorsal a las investigaciones que se realicen; sólo así evitará el error cometido por las ciencias que estudiaron determinados grupos de fenómenos sociales: partiendo de puntos de vista previos, han producido conclusiones unilaterales. Por esto mismo, Kidd considera llegada la hora de que las ciencias sociales busquen el "substratum" común de todas, sobre el cual deben desenvolverse sinérgicamente.
Las doctrinas de Juan Jacobo han caído definitivamente; el "Contrato social" está amortajado. De nada sirven las amalgamas de Fouillée, pretendiendo armonizar el contractualismo de Rousseau con el organicismo de Spencer. Éste, por su parte, ha trazado el camino a la escuela biosociológica, mediante su seductora síntesis, encaminada a establecer la concordancia entre la constitución y las leyes de los agregados sociales y las de los agregados orgánicos en general. Se le ha objetado, fundadamente, que si fuera exacta la concepción de la sociedad como organismo, la sociología no tendría motivos para existir como ciencia autónoma; los fenómenos sociales, aun los más complejos, deberían explicarse mediante simples aplicaciones de las leyes biológicas fundamentales.
Sin duda, la teoría orgánica es cómoda y seductora; pero la observación del conjunto de los fenómenos sociales la revela insuficiente, pues se observan en ellos caracteres propios que los diferencian con claridad de los biológicos. Es innegable que el factor biológico entra, en vasta proporción, en todo fenómeno social; pero también lo es que éste posee caracteres específicos, no encontrados en el mundo biológico. En la vida social existe un nuevo elemento, propio y exclusivo de la especie humana; un hecho fundamental diferencia al hombre de las demás especies animales: mientras éstas, en general, viven subordinadas a los medios de existencia que les ofrece, espontáneamente, la naturaleza, el hombre puede producir, artificialmente, sus medios de vida. La evolución y prosperidad de los grupos sociales depende, en mucha parte, del grado de desenvolvimiento de su capacidad productiva.
Ése es el fenómeno verdaderamente humano, verdaderamente social; ese factor, integrándose progresivamente, determina diferencias entre los fenómenos biológicos y los sociales. El análisis genético y evolutivo de la vida social, revela que las condiciones económicas de los agregados humanos, representadas por su capacidad de producción, constituyen el substratum, buscado en vano por Kidd, sobre el cual se desenvuelven los fenómenos que estudia la sociología. Este concepto, entrevisto por varios historiadores y sociólogos, fué concretamente formulado por Marx, que ensayó algunas aplicaciones históricas; recientemente, numerosos escritores han seguido análogos rumbos, el economista liberal De Molinari entre otros. En Italia, por obra de Loria, esta concepción ha adquirido unidad y método, fijándose en vigorosos estudios sobre "las bases económicas de la constitución social". Sintéticamente podría enunciarse así: Las instituciones que constituyen la superestructura social se arraigan, florecen y evolucionan sobre las instituciones económicas, cuya evolución es la causa principal (no siempre directa ni exclusiva) de las transformaciones sociales.
Espíritus estrechos pretenden que esta concepción tiende a identificar la sociología con la economía política. Pero se ha observado, con razón, que esta última es una ciencia particular, y analiza los fenómenos e instituciones económicas en sí mismas, estática y dinámicamente; la sociología sobre base económica es, en cambio, una ciencia general que observa los fenómenos e instituciones económicas en sus relaciones con el conjunto de la vida social, abarcando otros fenómenos e instituciones que son, por su parte, objeto de estudio para ciencias particulares. Entre ambas existe la relación de la parte al todo, relación que también existe con cada una de las otras ciencias sociales. En la determinación de la resultante final la economía política entra en proporción importante; pero ello no implica confusión, como no la hay entre la osteología y la anatomía cuando se afirma que el esqueleto es el sostén fundamental del organismo.