Por el Norte, muchas tribus de los pieles rojas han pagado con su vida el delito de haber nacido en territorio ambicionado por vecinos poderosos.

Y Méjico, ya teniendo que cederles la California, ya sufriendo el despojo de las provincias de Texas, ha contribuído por el Occidente á el engrandecimiento de los Estados-Unidos, que dueños al fin del Alaska y de otros territorios por compras y conquistas, se enseñorean entre los dos océanos y los hielos de la bahía de Hudson y de las templadas brisas del golfo mejicano.

Y no satisfechos con tantas adquisiciones, rapiñas y exterminios de tribus realizados, se propusieron arrojar á España enteramente de América, por ella descubierta y en gran parte civilizada.

Con lo dicho basta para que se comprenda que los Estados-Unidos conservan su carácter de origen y que forman un pueblo de mercaderes y negociantes, sin otras aspiraciones que las del vil interés; y aunque las cubran con la máscara de los sentimientos humanitarios, de la libertad, de la justicia y de la moral, no son más que impulsos del engrandecimiento propio, de una codicia insaciable y de la más desenfrenada ambición.

En los Estados-Unidos todo se mueve por el resorte del interés: la misma célebre guerra de secesión no tuvo otro origen; y vencidos los intereses del Sur por los del Norte con la libertad de los esclavos, el presidente vencedor Abrahan Lincoln fué asesinado una noche al salir del teatro. Sus enemigos no le perdonaron el quebranto que les había hecho sufrir en sus negocios.

Con una historia de ayer, sin literatura nacional, ni ciencia especulativa, ni moral verdadera, los amantes de estos estudios, se dedican á escribir la historia de Europa, como Prescott, de nuestra literatura, como Thignoc, ó á combatir la moral en la religión, como Drapper.

Toda la grandeza de los Estados-Unidos tiene un aspecto material: sus adelantos son mecánicos y sus ciencias favoritas las naturales; y como no se nutren de ideas verdaderas, han comenzado á degenerar en medio de tanta prosperidad, apartándose del espíritu y de la letra de su Constitución y de los límites que la doctrina de la libertad y del respeto á la independencia de los pueblos les tenía prescritos.


El observador atento é imparcial, que se fija en los verdaderos intereses de la justicia y de la humanidad, no ve en la breve historia de los americanos del Norte, hechos notables dignos de alabanza.

¿Por qué, pues, se han hecho y repetido tantos elogios de los Estados-Unidos?