¿Por ventura han descubierto otro Nuevo Mundo, ó traído á la civilización elementos nuevos, que libren á los hombres de las miserias de esta vida y los hagan mejores?
Nada de esto han realizado: y sus inventos, con ser tan prodigiosos, no pueden compararse con los que ya poseía Europa; y por cierto que no se les elogia porque hayan perfeccionado algunos ó hecho más útil aplicación de otros.
Lo diremos en tres palabras: á los Estados-Unidos se les han tributado tantas alabanzas, porque nuestro siglo ama al becerro de oro, acepta con facilidad servil las opiniones corrientes y aborrece la religión positiva.
Como poseen inmensos y fértiles territorios, bosques vírgenes, minas abundantes y rios navegables, no es extraño que con el trabajo, la industria y el comercio, se hayan enriquecido, y sus grandes capitales llaman la atención de los pobres del Viejo Mundo. Muchos aman á los Estados-Unidos por la sola razón de que son riquísimos.
Otros los admiran porque han oído celebrar la amplia libertad de que gozan allí los ciudadanos, no sólo en la emisión de sus opiniones, sino en el ejercicio de su soberanía; y en particular encomian el respeto y la obediencia que todos tienen á las leyes y á la policía.
Antes de que mediara el presente siglo, muy pocos conocían en Europa la vida, las costumbres, la libertad y la legislación de los Estados-Unidos; pero dos emigrados franceses vivieron allí algunos años, y no lo pasarían muy mal, cuando al regresar á Francia escribieron sus obras elogiando al pueblo que habían abandonado.
M. Renato Laboulaye escribió su Historia de los Estados americanos, y M. Enrique de Tocqueville las suyas de la Democracia en América y del Sistema penitenciario de los Estados-Unidos.
Si inspiró estas obras el amor á la verdad, ó el deseo de propagar en Francia la democracia, cuando se avecinaba la Revolución de Julio, no es fácil averiguarlo; lo cierto es que alabaron los franceses á los americanos, y esto bastó para que se extendiera la opinión favorable, y para que nuestros Roque Barcia, Pí y Castelar, pusieran por cima de las nubes á la gran República, queriéndonos hacer á todos federales y felices con la democracia.
Más adelante veremos el valor que tienen esos sistemas practicados por los americanos. Los hechos son más elocuentes que las palabras, y sobre todo, los últimos acontecimientos condenan en los Estados-Unidos lo que hubiera laudable en sus leyes y costumbres.
España ha tenido mejor sistema penitenciario que los norteamericanos; era el preventivo que nunca permitía el lynchamiento que ellos practican.