Y últimamente, el Sindicato de la misma ciudad, bajo los auspicios de Mac-Kinley, hizo los postreros esfuerzos para asegurar por medio de la guerra sus capitales con la adquisición de la garantía que se les había ofrecido.


España ¿ha sido víctima de una especulación comercial? ¿Era legítima la constante aspiración de los Estados-Unidos por adquirir la isla de Cuba? ¿Cómo se hace popular una guerra injusta en una nación de 75 millones de almas?

Importa mucho estudiar y conocer estos fenómenos de los pueblos libres.

Sin duda, España ha sido víctima de algo más de lo que supone un negocio mercantil.

No ha sabido, ni por último ha podido contrariar la ambición de los Estados-Unidos: tantas eran sus culpas que el honor nacional no podía ya cubrir con su gloriosa bandera.

La guerra llegó á hacerse tan popular en la gran República, que Mac-Kinley, para llegar á la presidencia y sostenerse en ella, tenía que desplegar el pendón de la conquista.

El hombre de negocios, el autor del bill de Aduanas, el pacífico ciudadano, se ha visto en la necesidad de emular las hazañas de Alejandro, de César y de Napoleón, y sin salir de su casa blanca de Washington, contraer méritos suficientes para que le llame la historia: Mac-Kinley el conquistador.

II