Entretanto todo es apresuramiento y confusión en las esferas gubernamentales de España. Quieren los Ministros hacer en veinte y cuatro horas lo que no habían hecho en los veinte años transcurridos desde la paz del Zanjón.

Hacen venir del extranjero trenes de municiones, y gastan muchos millones en comprar barcos para la guerra, y que no podían ir al combate.

En vano los bautizan con los nombres de Patriota, de Rápido y de Meteoro; porque ni sirven para defender á la patria, ni son rápidos en la navegación, aunque sean meteoro en las manos de los agentes de negocios.

Al fin se hacía algo, y se improvisaban las defensas como los ministros, y éstos daban señales de actividad, formando nuevas escuadras que habían de pasar y repasar el canal de Suez, como principio de una repatriación anticipada.

Como si la anarquía hubiera tomado asiento al lado del gobierno para aconsejarle lo que era más pernicioso á la patria, así no se daban órdenes prudentes ni salvadoras, y todo se dirige por el patrón de las primeras disposiciones dadas á los marinos del Atlántico.


Damos un nombre bíblico á la salida de la escuadra de las islas de Cabo Verde, porque nos recuerda otra catástrofe en el mar.

Si el gobierno fué, según las apariencias, sorprendido por la guerra, lo fué mucho más nuestra marina en su estado de preparación, no en el ánimo de sus jefes.

Faltas gravísimas, que aquí no debemos mencionar, habían impedido á la escuadra su preparación, el abastecimiento y el encontrarse en lugar oportuno para defenderse, sin muy graves inconvenientes, de las poderosas escuadras de los Estados-Unidos.