Además de esta circunstancia tan desfavorables, tenía nuestra marina la mayor de todas; cual era su gran inferioridad en el número de buques y en el poder ofensivo y defensivo de los mismos; y no obstante los informes, representaciones y telegramas dirigidos al gobierno, éste, tan mal asesorado como peor influído, sin concierto ni plan, ordena la salida de la escuadra para el mar de las Antillas, donde ya la esperaban las enemigas.

Creemos que en la historia de los ejércitos y de la marina, no se ha ofrecido otra ocasión en la que se pudiera justificar de algún modo la desobediencia, ó un pronunciamiento.

El que hizo la marina en Cádiz en Septiembre de 1868, y que dió origen á la Revolución, nunca se ha justificado; pero el regreso de la escuadra de Cabo Verde y su desobediencia á las órdenes del gobierno para salvar los intereses generales que éste comprometía, mandándola á sufrir una derrota inevitable, hubiera tenido su razón y justificación debida: primero entre las personas conocedoras del arte de la guerra, y después ante la nación, cuando los resultados correspondieran á los motivos que se habían tenido presentes, como los dejó expuestos el inteligente y prudente general Cervera: mas la marina, por medio de su digno jefe y de los comandantes de los buques, había prometido obedecer en todo, y cumplió su palabra, evitando una confusión y un ejemplo funesto para el porvenir de nuestra patria.

Si al fin del siglo, tanto el ejército como la marina, hubieran desobedecido al gobierno, se podría decir ahora, que habíamos acabado de perder nuestra soberanía en América por la falta de los llamados á defenderla; y entonces el régimen liberal y la turba de los políticos habrían quedado impunes y en cierto modo libres de las tremendas acusaciones, que actualmente pesan sobre ellos, y por las cuales han de ser sentenciados á perpétuo ostracismo.

Habiendo, pues, la marina cumplido con exceso sus deberes, toda la responsabilidad de los desastres y de las pérdidas consiguientes, quedan á cargo de los que ordenaron tan imprudente salida.


Mientras que á la ventura sale nuestra escuadra, singla desde Hong-Kong la que tenían allí estacionada los americanos, para bombardear á Manila....

Sombras inmortales de Magallanes, de Legazpi y de Simón de Anda, ¿por qué no salís de vuestros sepulcros á detener esos buques enemigos? ¿No veis que van á destruir vuestra obra civilizadora?

Llevan en sus bodegas cajas de fusiles y ametralladoras para renovar la insurrección fratricida; y sobre las cubiertas, la formidable artillería que destrozara nuestros barcos y la ciudad de Manila, por vosotros fundada y recuperada.