Sus tripulantes son hijos de la América del Norte, donde la perfidia tiene su asiento, y su trono la ambición y la soberbia; ellos no van á ese Archipiélago como vosotros fuísteis, para libertar de la idolatría y de la barbarie á sus habitantes y someterlos á la obediencia de un rey católico; van á llevar la discordia, la guerra y la libertad del error; van á establecer el imperio de la masonería y de la indiferencia religiosa; van á robar á España sus derechos y á explotar las riquezas del país en beneficio propio.
Como las aves de rapiña que se preparan para caer de improviso sobre sus presas, así ellos vienen presurosos desde las costas de la China, donde estaban esperando el día fatal de una guerra insidiosa y contra todo derecho premeditada....
Y tú, sombra de Monroe, que en este siglo has proclamado desde el Capitolio de Washington, que Europa no tenía derecho para intervenir en los negocios de las naciones americanas, ¿por qué permites que tus ciudadanos intervengan en los de la Occeanía?
Si tu colega Mac-Kinley y su Congreso ordenan esta invasión contraria á tu doctrina, vuela, ve y diles: que si América ha de ser para los americanos y la Occeanía para los occeánicos, que los yanquees Shoes, ó los de los zapatos de madera con clavos, regresen á su país de orígen y dejen á los pobres indios, que viven y á los pieles rojas, que no han exterminado, y no se entrometan más en querer á su vandálico modo dominar al mundo.
Si así no lo haces y no te obedecen, quedará tu doctrina deslucida y tu pueblo á la altura de los bandidos....
No hay obra de iniquidad, ni infamia increíble, ni sangriento crímen que no se haya cometido en el mundo por la ambición humana.
Ella llevó á Alejandro al Asia, hizo pasar al César el Rubicón, puso el alfange en las manos de Mahoma, trastornó la Europa por medio de Bonaparte y conduce á las Antillas y á Filipinas las flotas americanas.
La ambición pone el ridículo mandil en el pecho de los hombres, la mentira en sus bocas y el odio en sus corazones; la ambición fomenta las insurrecciones de los mambises y de los tagalos, la codicia de los sindicatos de Nueva York, y el vehemente deseo de riquezas y honores en los soberbios; y en tanto que exalta por un lado las pasiones infernales, por el otro hace que se les sacrifiquen todos los deberes.
Por la ambición de mando se creen los políticos estadistas eminentes, y por no dejar el poder cuando lo han alcanzado, persisten en sus errores, y á su ambición sacrifican la conciencia, la dignidad, y el patriotismo. Por la ambición de algunos españoles se halla España á los burdos pies de los yanquis.
Desventurada patria mía, que tienes por gobernantes á hombres imperitos ó sin conciencia: mira como entregan á tus hijos á las crueles manos de tus enemigos; la obra de tres siglos se ha derrumbado en cuatro horas, al sepultarse ardiendo tus débiles barcos en la bahía de Manila.