Las primeras víctimas han muerto heróicamente, pero sus sacrificios no salvarán tu soberanía en aquellos mares; porque la inmoralidad, la corrupción, la discordia de las sectas y el mal ejemplo de tus representantes, habían ya debilitado tu poder y tus derechos soberanos.


Después del gran desastre de Cavite, eran extraordinarias las ansiedades del pueblo español por saber la suerte que esperaba á la escuadra de Cervera, refugiada en la bahía de Santiago de Cuba, cuya plaza, bloqueada por mar, empezaba á ser hostilizada por tierra.

En vano en sentidos y enérgicos telegramas había pedido refuerzos el general Linares: la escuadra estaba segura en la bahía, y sus tripulantes ayudaban á defender por tierra la ciudad.

Los rusos se vieron en Sebastopol en un trance parecido, y aunque tenían en el puerto ciento dos buques de guerra con más de dos mil cañones, no intentaron romper el bloqueo: pero las autoridades españolas no ven siquiera la ayuda que les presta la fiebre amarilla diezmando cada día el ejército de Sthafer: todo parece que va dirigido á preparar la catástrofe más horrenda.

«Cuando se piensa en la situación insostenible del ejército yanqui ante Santiago de Cuba; cuando se palpa que los infames invasores iban á sufrir un terrible descalabro, y luego se ve que en los momentos decisivos llegó la orden de que saliera la escuadra y á esto siguió la capitulación, etc. etc., no hay más remedio que confesar, que chorrea sangre todo lo ocurrido y que en ello hay algún misterio, sólo conocido por determinados personajes.

No somos nosotros solos los que lo decimos.

He aquí otra opinión autorizada.

El capitán de fragata ruso Livene, que estuvo como agregado naval en la flota americana durante la última guerra contra España, ha dado recientemente una conferencia en el Círculo de los Ejércitos de mar y tierra en San Petersburgo, sobre el desembarco efectuado cerca de Santiago de Cuba por los norteamericanos, á la cual han asistido el general Kouropatkine, ministro de la Guerra, bastantes generales y más de cuatrocientos oficiales de la guarnición.

Lo más saliente de dicha conferencia fué lo que sigue: