Entre tanto, aparece en la nueva escena un personaje semigigante y declara oficialmente: que la escuadra de Cervera ha entrado en la bahía de Santiago de Cuba.

Notable sorpresa causa la noticia en todo el público.

Al momento, aparecen á gran distancia muchos buques americanos que se dirijen hacia el Oriente de la Isla de Cuba.

Los espectadores de la derecha comienzan á impacientarse, porque temen que se reproduzca la escena de Cavite.

Romero Robledo grita, Moret se esconde, Sagasta se rasca la barba y atusa el tupé y Blanco se pasea en la Habana tranquilamente; la gran expectación se generaliza y el temor embarga los ánimos.

Á lo lejos se oyen estampidos de los cañones y por intervalos, nutridas descargas de fusilería.

Va á terminar la jornada: Blanco manda que salga la escuadra de la bahía de Santiago á todo evento: la marina obedece y las nubes del humo de la artillería impiden que se vea lo que sucede: cae el telón y el público sabe después que la escuadra de Cervera ha sido totalmente destruída.

Acto III.—En el fondo del escenario se ven las lomas de Santiago y el horizonte cubierto de nebulosidades. Toral se fija en ellas y no puede explicarse este fenómeno.

Una parte de los espectadores empieza á retirarse conmovida y cansada de ver que la trama de la acción resulta siempre contraria á los españoles.

Los yanquis avanzan por tierra para sitiar y tomar la plaza de Santiago.