Como no hay efectos sin causas proporcionadas, veamos si esas han sido ó nó las verdaderas.
Hablando de Filipinas nuestro patricio, señor Escosura, que estuvo allí muchos años y conocía bien á los naturales, dice: ese vasto archipiélago, cuya importancia es inmensa, sólo lo enlaza, une y asegura á la Metrópoli el lazo, la fuerza y el vínculo de los frailes.
Ayala, siendo ministro de Ultramar, en 1871, dijo:
«Si por imprevisión é imprudencia y por el culto exajerado que en épocas dadas alcanzan ciertas ideas, nos trajesen á tanta desventura, que España amaneciese un día desposeída de sus provincias de Ultramar, veríais inmediatamente y casi anulada nuestra marina, tristes y desiertas nuestras costas, sin expansión ni esperanza nuestro comercio, amenguada nuestra importancia en el mundo, y la nación entera bajo el peso del abatimiento.»
«¿Y quién duda, que todos los principios, que todos los derechos políticos, cuya conquista en la Metrópoli hubiera coincidido con esta inmensa tragedia, quedarían para siempre marcados con el sello del infortunio ignominioso?»
Notable fué esta predicción, que por desgracia se ha cumplido, y cada año se notarán más los efectos.
En este particular, está dicha la última palabra por hombres tan competentes: los que cortaron el lazo, la fuerza y el vínculo de los frailes, que enlazaba, unía y aseguraba á la Metrópoli el Archipiélago, esos son los causantes de su pérdida, como los demás que han aplicado los principios y los derechos políticos que ahora y para siempre quedan marcados con el sello del infortunio ignominioso.
¿Qué diría el mismo Ayala, que aunque liberal, conservaba no poco del carácter español, si hubiera visto que además de los principios y de los derechos políticos, iban á quedar marcados con el sello de la ignominia todos sus colegas?
Como todo tiene término en este mundo, había también de tener su fin la guerra, que nos hacían los americanos, y, para nuestra mayor desventura, él fué el que agravó nuestros males.