Nos parece bien que se castigue con rigor á todos los criminales de cualquier clase y condición que sean: pero ¿por qué no se han castigado antes los delitos políticos y las usurpaciones realizadas en nombre del derecho nuevo y de la unidad de las naciones?

Por esta razón, y porque nunca han sido buenos jueces los delincuentes y usurpadores, no había que esperar de esa asamblea ningún buen resultado.

La primera grave falta cometida por los gobiernos, fué la de elegir á Roma para el mencionado congreso.

Cualquiera otra capital hubiera ofrecido menos inconvenientes; pero la capital del orbe católico, donde se halla el romano Pontífice despojado de su poder temporal contra toda justicia, derecho y conveniencia, no es apropósito para que se condenaran allí los crímenes de los hijos de la Revolución, en presencia de su víctima soberana.

Los gobiernos, movidos sólo por el interés de su propia conservación y por la necesidad de defender á las sociedades del nuevo enemigo, hicieron todos los esfuerzos imaginables, que no pueden menos de resultar insuficientes, porque desconocen la raíz del mal y el remedio oportuno.

Sin duda, en la ciudad del Lacio, para designar el lugar de la reunión y su objeto, pondrían este rótulo:

Adversum anarquistas conventus.

Y también pudo suceder, que otro moderno y atrevido Pasquín, conociendo á los congresistas y lo que había de resultar de sus acuerdos, lo rectificara con este otro:

Cœci cumt, et duces cœcorum.

Nosotros, desde lo bajo de nuestra pequeñez é ignorancia, nos hubiéramos atrevido á decir á esas majestades, altezas y señorías representadas en Roma; que si en verdad querían matar el anarquismo, sin exterminar á los anarquistas, practicaran este nuestro consejo: