Tan grandes son las calamidades que sobre nosotros pesan, tan terribles las decepciones que hemos sufrido, tan notorias las faltas y desaciertos de los políticos, y, por último, tan tremendos los castigos á que Dios nos ha sometido, que han abierto los ojos á los que no querían ver y á los insensibles les han dado exquisita sensibilidad; por este motivo y excepcionalmente es ahora general y verdadera la opinión de los españoles.

Mas por desgracia nuestra y porque España tiene, sin duda, que pasar todavía por muchas amarguras, esta conformidad desaparece apenas se trata de lo que ha de constituir la regeneración.


Se han dado ya á luz muchos programas regeneradores: con uno bueno y bien practicado nos contentaríamos todos los que queremos se haga el milagro, sea éste ó aquél santo el salvador de España.

Quieren unos, que la regeneración sea ó empiece por el orden económico; otros por el político social, y algunos creen que ha de ser moral y religiosa.

Los primeros no piensan más que en el aumento de las riquezas por medio de la explotación de sus fuentes y del desarrollo de la industria y del comercio.

Los segundos, piden reformas políticas y sociales para que las libertades públicas y las iniciativas de cada uno produzcan todos los frutos que han impedido los vicios del sistema y las faltas de los gobiernos.

Y los que piden la regeneración moral y religiosa desean que se comience por negar al error, á las sectas y á la impiedad los derechos que no tienen, y se proclame el respeto y la obediencia á las leyes divinas antes que á las humanas.

Los políticos que han pedido y alcanzado el poder después de los grandes desastres, no podían menos de llevar al gobierno sus programas de regeneración, que, como es natural, se habían de refundir en el del presidente del consejo de Ministros.

Ya nadie se acuerda del programa de Polavieja, ni de las tendencias regionales de otros Ministros, y para la regeneración de España sólo nos queda oficialmente el programa de Silvela: mas como este señor, desde que quiso presidir el gobierno de la nación, ha dado tantos programas, tenemos que reducirlos á su común esencia, esto es, á la selección, á la liquidación y á la moralización.