Algunos de nuestros lectores, amigos de la claridad y enemigos de la confusión, dirían al empezar este libro: ¿por qué lo dedicará su autor á la Marina y al Ejército?

¿No es nuestra Marina la que ha perdido tantos buques sin causar apenas daño á los enemigos?

Nuestro ejército ¿ha conseguido algunas victorias?

¿Cómo á una Marina que sumergió sus barcos, y á un Ejército que ha entregado virgen la plaza más fuerte del Nuevo Mundo, se les hacen laudables dedicatorias?

Además, el conde de las Almenas ha dicho: que había que subir al cuello muchas fajas; y los tribunales de honor han expulsado á algunos como indignos de llevar el uniforme militar, y sin duda quedan otros que faltaron á sus deberes, descuidando á los soldados y no defendiendo sus puestos con la diligencia y el valor necesarios.

¿Por qué, pues, se dedican obras á los que tan mal parados se hallan, y no han hecho todo lo posible para salvar á la patria?

Nosotros no hemos dedicado nuestro trabajo á los culpables, que son una excepción, sino á la Marina y al Ejército que se han sacrificado en el cumplimiento de sus deberes y que han sido víctimas de la pésima dirección de los políticos y de las malas artes de la política.

Dedicamos nuestro trabajo al Ejército y á la Marina, porque cuando debieron sublevarse, han dado el ejemplo de la mayor disciplina, con el cual, y con la expiación sufrida, han reparado las faltas de otros tiempos; y como clases sujetas á una ley rigurosa, podrán, siendo fieles á ella y á los intereses de España, contribuir poderosamente á su regeneración.

Apesar de todas las teorías de libertad, de progreso y de civilización, ó más bien por las mismas, la fuerza pública es hoy un elemento importante en las sociedades, porque ella, bien dirigida y empleada, tiene el objeto inmediato de conservar el orden y de hacer entrar al mundo en razón, ya que de la razón prescinde.

Lo diremos sin rodeos: España no puede regenerarse sin que el Ejército y la Marina deshagan la obra que con su ayuda se levantó; pues los políticos de oficio, ni se arrepienten, ni se enmiendan, ni tienen valor, ni fuerza moral para regenerarnos.