Se puede afirmar, que así como ninguna nación ha tenido más colonias que España, tampoco ninguna las ha regido y gobernado con más justicia y equidad, llevando á ellas su mismo espíritu, elevación de ideas y sentimientos por el sistema maternal de la asimilación y no por el de la explotación mercantil, como lo hacen otras naciones.
Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos de la decadencia de España y de las causas que la han producido hasta llegar á la presente ruína y humillación.
Cada uno juzga acerca de ella según el criterio de la escuela ó de los partidos en que, por desgracia, se encuentra dividida nuestra patria.
Para unos, la decadencia de España se debe á el absolutismo de los reyes, á la expulsión de los judíos y de los moriscos y á la intolerancia y al fanatismo: para otros, las causas fueron las guerras de religión y el empeño en sostener la soberanía en extensos territorios, gastando la nación en las colonias y en la guerra de los Países Bajos las fuerzas y los capitales que debió emplear en la agricultura y en la industria de la península: y para algunos, que se fijan en otras causas más próximas, han sido los indolentes reinados de Felipe IV y de Carlos IV y el poder arbitrario de sus favoritos el conde duque de Olivares y el príncipe de la Paz, juntamente con el atraso intelectual y comercial en que quedó España el siglo pasado y las vacilaciones de Fernando VII al principio del actual y la pérdida de nuestras posesiones en el continente americano.
Los secuaces de estas opiniones parece que olvidan de propósito el infausto reinado de Carlos III y la influencia que en él tuvieron los Grimaldi, Esquilache con el masonizante conde de Aranda, brazo de la expulsión de los jesuítas, que privó á la juventud de sus mejores maestros; y olvidan á los Moñinos y Campomanes, que completaron la obra del famoso Conde, como legulellos enciclopedistas.
Nadie puede negar que con el llamado absolutismo de algunos de nuestros reyes, sin judíos y sin moriscos, con la santa Inquisición y reyes indolentes é ineptos favoritos, sin grande industria, ni comercio, España no dejó de ser una nación de primer orden, importante y respetada, hasta contar con ella las demás naciones para humillar al Coloso de este siglo.
En la guerra de la Independencia dió España todavía á el mundo pruebas de su carácter, de su poder y de lo que es capaz un pueblo unido por los sentimientos de la fe y del patriotismo.
No tenía un gobierno fuerte y prudente al ser abandonada por su rey débil, pero entonces existían todavía las clases sociales y el pueblo español, existían el valor y el carácter nacional y la fe y el patriotismo de nuestros gloriosos tiempos, y salimos victoriosos de tan grande empresa.
Algo nuevo debe haber entrado en España, cuando después de lo que nos había hecho grandes é invencibles, se ha ido perdiendo todo.