—¿Y en qué las empleas?
—En cuanto puede dar un producto fijo y seguro.
—Ahorrar para el diablo.
—No tal.
—¡Más claro!...
—¿Quién te dice que mañana?...
—Por ejemplo, un heredero...
—¿Y por qué no? Verás entonces cómo las circunstancias varían.
—En fin, quédese este punto para mejor ocasión, y pasemos á otro. ¿Eres feliz?
—¡Qué pregunta!... Sí lo soy...