—Te ruego que concluyas.

—Voy á concluir. ¿No tienes corresponsales... en América?

—¡Sabina!

—¡Serapio!

—¡Adónde vas á parar?

—Déjame concluir. Sobre todo, considera que este caso es caso de honra y de conciencia para todo padre que en algo se estime; que no es, aunque juego de niños, de los que te permiten echarte á dormir hasta que se acaben.

—¿Acabarás tú?

—Es que quiero que te penetres bien de toda la importancia del asunto, y que no le tomes, como acostumbras, por un vano capricho mío.

—Adelante. ¿Qué es lo que, en resumen, pretendes?

—Lo que pretendo es que envíes á César á América.