—Eso es inicuo, Sabina.

—Es necesario, Serapio.

—Me quitas mi brazo derecho; el mayor descanso en el último tercio de mi vida.

—Dios proveerá, como otras veces. Teniendo dinero no faltará quien te sirva.

—¡Teniendo dinero!

—Como lo tienes.

—¡Como lo tengo!... ¡Insensata! ¿Y el porvenir que arrebatas á tu hija?

—¿Qué porvenir?

—César.

—¿De cuándo acá es César un porvenir?