—No creo que eso sólo pueda bastar; pero en el trance en que me veo, quiero, aunque me haya acordado tarde, echar mano de todos los recursos que estén á mi alcance.
—Y el de las economías...
—El de las economías es el primero que exijo, hasta por razones de delicadeza.
—No comprendo esas razones.
—Ni lo necesitas. Lo indispensable son las economías, y éstas, yo te lo aseguro, las habrá desde hoy.
—¿Y Enriqueta?
—Enriqueta no necesita saber nada por ahora.
—¿Y si desea vestirse... ó tiene un capricho?
—¡Vestirse!... ¡cuando tiene su ropero abarrotado! ¡Caprichos! Enriqueta no los tendrá si su madre no se los sugiere.
—¡Serapio!