—Nunca entró en mis cálculos—respondía la interpelada,—echarme por caballero un payaso.

—¡No exageres!... Ese hombre tiene gusto en vestirse al estilo del país en que ha vivido, y hace bien, porque es un traje precioso.

—Cuestión de gustos, mamá. Por eso respeto el de las que con tanto empeño, según se dice, se dedican á su conquista; pero no las imito.

—No tengo yo noticia de que ese señor haya hecho por nadie lo que está haciendo por ti.

—Razón de más para que yo no se lo agradezca.

—Es un gran sujeto.

—Pero á mí me parece un mamarracho.

—Es riquísimo.

—Buen provecho le haga.

—Es una gran proporción.