—De manera—decíale con voz lenta y apagada don Serapio,—que tenemos, en junto, para cubrir las atenciones de este mes...
Y entonces el dependiente, leyendo un papelejo que tenía en la mano, resumen de todo lo consultado hasta aquel instante en libros y correspondencias, continuó, tomando, con la precisión de un músico de concierto, la entrada que le daba su principal:
—«En valores á cobrar en la plaza, trescientos mil seiscientos y quince reales.
«Saldos de cuentas corrientes, á negociar, ochenta y tres mil y doscientos.
«Total, trescientos ochenta y tres mil ochocientos quince».
—Créditos contra nosotros en igual tiempo,—prosiguió don Serapio, después de apuntar con mano trémula aquellas respetables cifras.
—«En todos conceptos»—leyó el dependiente con voz clara é inexorable:—«Un millón seiscientos mil ochocientos setenta y dos reales con catorce maravedís».
Don Serapio apuntó esta cantidad sobre la otra, y restó.
—¿Déficit?...—dijo angustiado el comerciante, después de ejecutar la operación.
—«Déficit»—leyó en su papel el dependiente,—«un millón doscientos diez y siete mil cincuenta y siete reales con catorce maravedís».