—Ó falta de seso,—murmuró Ramón hacia su hermano.
—Pero, en fin, ¿de qué se trata?—volvió á preguntar Carlos,—porque la verdad es que ya se halla vivamente excitada mi curiosidad.
—Señores—respondió la marquesa, tomando cierta actitud parlamentaria.—Se trata de un asunto que, á ser exclusivamente mío, puedo asegurar á ustedes que no me hubiera sacado de casa un minuto antes de lo acostumbrado; pero como entraña intereses de la asociación...
—¡Oiga!—exclamó Ramón muy serio.
—¿Conque de la asociación nada menos?—dijo Carlos.
—De la asociación,—le repitió el marqués en tono campanudo, atreviéndose á hinchar los carrillos como si tratara de comerse una carcajada.
—De la asociación, sí, señor—recalcó la marquesa mirando á su marido con ojos de basilisco.—Y ahora, juzguen ustedes—añadió dulcificando la voz y la mirada,—y vean cómo, si bien la patria no peligra por la importancia del suceso, vale éste lo necesario para justificar mi presencia aquí á estas horas.
Dióse la marquesa unos golpecitos sobre los labios con su leve pañuelo de batista, y continuó así:
—So pretexto de hallarse enferma y de ser huérfana, una joven de veinte años solicitó nuestro amparo. Tocóme por riguroso turno el despacho de la solicitud; pasé á casa de la solicitante; aprecié sus necesidades; propuse á la Junta los socorros que juzgué necesarios; se aceptó la proposición, y la huérfana los percibió puntualmente por espacio de tres meses. Hace quince días se nos manifestó, por persona competente, que la socorrida compartía la pensión con un amante, de la peor especie. Llamósela; negó los hechos; se instruyó la sumaria en toda regla; resultaron muchos indicios vehementes y no pocas circunstancias agravantes; informó al tenor de ello la fiscala, y la presidenta decretó para hoy la vista del proceso en la sala de audiencias, con toda la solemnidad de reglamento. Ahora bien: yo defiendo á la acusada, y al efecto tengo señalada la palabra para esta tarde á la una; mas como la tramitación ha caminado tan de prisa y no he podido estudiar el asunto á mi placer, voy ahora mismo á la secretaría á dar un repaso al expediente. Conque ¿se van ustedes enterando?
Ramón quedó, no sólo enterado, sino atónito; los demás personajes de la escena, que ya tenían bien conocida á la relatora, la dedicaron un «bravo» de los más estrepitosos.