—Ahora—añadió ésta,—díganme ustedes si el asunto vale bien la pena. Se trata de una denuncia que puede privar á una desvalida de un socorro necesario, ó ser causa de que se aplique á otra persona más digna de él; no veo, pues, por qué no se han de depurar los hechos hasta que resulte clara y palpable la verdad.

—La prueba plena,—dijo Carlos.

—Justamente. Y de todas maneras, por trivial que sea mi ocupación de hoy, nunca lo sería tanto como la de mi marido. ¿Saben ustedes qué es lo que le saca de casa tan temprano y no le ha dejado conciliar el sueño en toda la noche? Pues la colosal empresa de probar un tronco.

—Poco á poco—dijo el marqués con mucha formalidad.—No negaré que un asunto semejante, en absoluto, no es para desvelar á nadie; pero conviene saber que cuando este nadie soy yo y el tronco es para mis carruajes, el asunto tiene más de tres bemoles. ¿Hoy es viernes? Pues bueno: desde el último lunes llevo probados, comprados, vendidos ó cambiados, tres pares de caballos.

—Y ¿por qué esos caprichos?—preguntó Carlos.

—Que se lo diga á usted mi mujer.

—No le hagan ustedes caso—se apresuró á replicar la marquesa.—La verdad es que si él tuviera mejor gusto para comprar...

—Si hubiera más fijeza en los tuyos...—repuso el marqués un poco sulfurado.—Pero en saliendo á la Castellana dos veces con un mismo tronco, ya te aburres de él... digo, te obligan á que te aburras; y esto es lo que á mí me carga.

—¡Cómo es eso!—exclamó Isabel fingiéndose admirada.

—Muy sencillamente—respondió el marqués.—El amiguito de casa, el consabido títere á la moda, el indispensable vizconde del Cierzo, que helado le sople á él; este mequetrefe, digo, que, como ustedes saben, sale con nosotros muy á menudo, tiene la peregrina costumbre de desacreditar mis caballos. Si son alazanes, porque no son negros; si negros, porque no son alazanes; si andaluces, porque no son ingleses; si ingleses, porque no son andaluces... y así hasta el infinito. Pues bien: mi mujer, que en materia de gustos es tornadiza como una veleta, apenas oye al vizconde la emprende conmigo... y adivinen ustedes el resto.