—¡Eh! hija, todo lo conviertes en substancia. Nada de eso.
—Pues entonces no atino...
—El vestido que llevaba.
—No era una cosa del otro jueves, á no ser la novedad de su dibujo.
—Pero le había traído la modista para mí.
—Pues la culpa fué entonces de la modista.
—Á quien ella engañó con indignos embustes.
—¿Y eso es todo?
—Lo de anoche sí; pero antes me había ocurrido otro tanto con un aderezo, y antes con un carruaje, y antes con una porción de cosas más que no necesito decirte.
—Como tú estás de moda y ella es muy vana... Porque de otra manera no comprendo esa pugna, de que debes reirte.