—¡Cómo!

—Porque supongo que no faltará usted á la reunión de la Rocaverde.

—Es probable, en efecto, que asista á ella.

—Tengo noticias—continuó el impávido en su afán de prolongar la visita,—de que se hacen esfuerzos heroicos para que la fiesta exceda en brillo á cuantas la han precedido y puedan sucederla.

—Recursos no faltan á esa señora si quiere utilizarlos,—dijo Isabel por decir algo.

—Sin embargo—replicó el otro, deseando dar interés á la conversación,—de los que destina á su propia persona, puede faltarle uno.

—¿Pues cómo?

—Anda por medio cierto aderezo...

—¿Eh?—interrumpió Isabel picada de su demonio tentador.

—Un aderezo—continuó el vizconde más animado.—Un aderezo que...