Carlos tenía bien conocido el carácter de Ramón, refractario á toda sujeción, incompatible con todo género de etiquetas; habíale observado desde el mediodía, inquieto, sombrío, receloso; había notado también un repentino sobresalto al acercársele Isabel últimamente, y, por fin, su pretensión de asistir con ella á una fiesta del gran mundo, le parecía mucho hasta para soñado por un hombre como su hermano. ¿Qué pasaba, pues, por Ramón que quizá se relacionaba con su cuñada? Carlos no podía comprenderlo; pero que pasaba algo extraordinario, era para él evidente.
Con el objeto de averiguarlo, tanto como con el de servirle, acompañó á Ramón á su gabinete; pero en vano, mientras le vestía y acicalaba, le provocó la lengua: ésta no se movió sino para decir:
—He venido á Madrid á conocer de todo, y por eso voy esta noche al gran mundo. Si esto os desagrada, me quedaré en casa; pero si deseáis complacerme, no me contrariéis este capricho.
Carlos, que encontraba, hasta en las inflexiones de la voz de su hermano, algo de nuevo y aun de solemne, dejándose llevar sin disimulo de los impulsos de su corazón.
—No solamente—le dijo,—no te combato el propósito, sino que te aconsejo que persistas en él... y que procures aprovechar bien el tiempo esta noche.
—Gracias—respondió Ramón;—yo te juro que no te daré motivo para que te pese haberme aconsejado así.
¡Y qué ganas se le pasaban, entre tanto, de contar á su hermano todo aquel capítulo de iniquidades que estaban abrasándole la memoria y punzándole la lengua!
Á todo esto iba empaquetándose en un traje de etiqueta; y salvas algunas estrecheces de frac por razones de espaldas, el improvisado gentleman no dejaba de estar presentable.
Faltábale únicamente lo que se llama, no sé por qué, chic de buen tono; y esto lo confirmaron la risa de su cuñada, el mohín de la marquesa y el respingo del marqués, cuando Ramón apareció delante de ellos con marcial desenvoltura y diciendo por toda excusa:
—Me faltan los guantes blancos para acabar de ponerme en carácter; pero los compraré, al pasar, en una guantería. Conque, perdón por la tardanza, y cuando ustedes gusten...