—Es que quizá me reservaba para pagar en una sola visita todas las que usted me ha hecho.

—No comprendo...

—Va usted á comprenderme.

—Advierto á usted que estos dos caballeros son de confianza.

—Me importa poco que lo sean ó dejen de serlo.

—Es que puede usted decir delante de ellos cuanto guste.

—Pienso que nos han de oir algunos más.

—Tampoco lo entiendo; pero, en fin, usted se explicará.

—Vengo á decirle á usted que necesito su sangre y su vida...

—Me permitirá usted que le advierta—observó muy mesuradamente el apostrofado,—en primer lugar, que no es usted con quien yo tengo que arreglar un asunto de esa especie; y, en segundo, que si usted insiste en hacer suya la cuestión de su hermano, aquí tengo dos personas de mi confianza: entiéndase usted con ellas, ó nombre otras dos que le representen, y cuando se hayan entendido me tendrá usted á sus órdenes. Entre tanto, hemos concluido.