Tasia huyó hacia la fuente, y se perdió en la obscuridad de la calleja.
—¡Anda, zopenco! —rugió una voz detrás de Bastián, mientras un nuevo estacazo le torcía hacia la izquierda—. ¡Yo te daré el remosco entre las nalgas!
La voz y la estaca y los estacazos, eran del piadosísimo don Sotero que salía de la iglesia de rezar el cuarto de oración. Tío y sobrino, éste delante y renqueando, y el otro aguijoneándole con la voz y midiéndole, á trechos, las costillas con la estaca, tomaron el rumbo del viejo caserón, y llegaron á la corralada sin otra novedad que digna de mencionarse sea en este imparcial y verídico relato.
XII
MÁS NOTAS PARA UN RETRATO
Trasponía en aquel instante la luna, oronda y mofletuda, las cumbres más lejanas, y derramaba su luz pálida y confusa por todos los ámbitos de Valdecines. Alcanzábale su gratuita ración correspondiente á la casa de don Sotero, que, á tener que pagarla, sin ella se pasara tan guapamente; y he aquí que, de pronto, se detienen tío y sobrino, viendo que en el portal había un caballo amarrado al poste, y una persona que entretenía la impaciencia paseando de un lado á otro, entre el caballo y la pared del fondo.