—El que se pica, ajo come.
—¡Me pico, porque debo!
—¡Mucho que sí, zurriascas!
—¡Pues mucho que no!...
Yo no sé adónde hubiera ido á parar la disputa, sin la repentina aparición de una muchacha que preguntaba ansiosa por don Lesmes.
—¿Qué hay? —dijo éste, mirándola con mal gesto.
—Que venga á visitar á mi padre.
—¿Quién es tu padre?
—Tío Luco Burciles.
—¿Perrenques?