Acomodóse, porque estaba muy fatigada, en la silla que había desocupado Bastián; metió las dos manos, palma con palma, entre las rodillas; echó el enjuto tronco hacia adelante, y dijo, alargando la jeta rugosa y siguiendo con la vista á don Sotero en sus vueltas de zorro enjaulado:

—¡Sépase usted que acaba de estar en nuestra casa el hijo de Pateta el herejote!

Oirlo don Sotero y dar una vuelta en redondo hasta quedarse mirando á la viejecilla, fué obra de un solo momento.

—¿Á ver, á ver? —díjola, clavando en ella sus pupilas de fuego, y hasta parecía que también los dientes.

Sonrióse la noticiera, y añadió, gozándose en el éxito de su noticia:

—¡Cuando yo decía que el caso tenía que oir!...

—¡Cuando digo que no se la puede aguantar á usted por habladora y destripa-cuentos! —concluyó don Sotero carcomido por su impaciencia—. ¿Quiere usted decirme, sin rodeos ni pespuntes, á qué iba á casa del señor cura ese mequetrefe?

—Eso mismo me pregunté yo cuando le ví entrar... porque desde que usted me lo enseñó una vez, por lo que pudiera ocurrir, le conozco como si le hubiera parido: ¿á qué viene aquí ese niquitrefe?... Y fuíme arrimando, arrimando á la puerta de la sala, según que él se iba metiendo poco á poco en la alcoba del señor cura... Ya usted sabe que de este modo escucho yo en la casa hasta los pensamientos de los que entran en ella para hablar con aquel santo varón. Pero, hijo de Dios, cátate que, á lo mejor del saludo y otras cortesías, sale el señor cura y cierra las dos puertas. ¿Qué hago yo entonces? Abro la de la sala, como si fuera de algodones; y sin que ni las moscas me sientan, arrimo la oreja derecha á la cerradura, porque de la izquierda ando un poco torpe, como usted debe saber por otros relatos míos...

—¡Si fuera usted sutil de entendimiento como es charlatana insoportable!... ¿Qué mil demonios es lo que usted oyó escuchando por la cerradura con la oreja derecha?

—Pues oí... ¡bendito y alabado sea el Señor de cielos y tierra, por todos los siglos de los siglos!... Oí que Patetuca, vamos al decir, el hijo de Pateta el judío, el herejote... pide iglesia, señor don Sotero... ¡pide iglesia!