—¡Válgame Dios, qué picardía!
—¡Si parece imposible!
—Tengo pruebas irrecusables de que es la pura verdad —exclamó don Sotero con el mayor aplomo. Luégo añadió—: Ahora bien: Águeda es una joven sin experiencia, y quizás, quizás, enamorada; él es un lagarto madrileño, con todos los ardides y fingimientos de los de su calaña. El resultado se toca y se palpa: esa infeliz, si la criminal farsa continúa, se verá un día cogida, como la mosca en la tela traidora. Yo, como hombre honrado y temeroso de Dios, en primer lugar, y en segundo, como encargado por la difunta santa mujer de velar á todo trance por la salvación de las almas y de los intereses mundanos de sus hijas, estoy en el deber imprescindible de oponerme á los criminales intentos de ese miserable... ¡Miserable, sí! porque habéis de saber que, además de impío, tiene contraídos grandes méritos para estar arrastrando un grillete en el presidio de Ceuta...
—¡Santa Bárbara bendita!
—¡Quién lo creyera!
—Esa es más gorda... ¡Dios!
—¡En Ceuta, sí! —continuó el piadosísimo varón—. En Ceuta dije, y no me arrepiento. Hace un año le persiguió la policía por una estafa que había cometido en Madrid, asociado á otro como él. Por buena compostura, se echó tierra al asunto pagando los seis mil duros que importaba la cantidad robada. Las pruebas de este crimen las tengo yo en mi poder; porque... (hay que decirlo todo, aunque mi cristiana humildad se rebele contra ello) yo fuí quien le dió ese dinero para librarle del presidio... ¡Bendito sea Dios que me puso en ocasión de ejercer, con ese vil y despreciable metal, uno de los más grandes actos de caridad!
Mientras decía esto y caminaba con los ojos en blanco y las manos alzadas al cielo, hacia su alcoba, los oyentes estaban consternados, y al ama del cura se le caían las lágrimas pensando en el acto generoso de don Sotero.
El cual apareció á poco rato con un papel en la mano.
—Para que veáis que no exagero —dijo—, aquí está el recibo que me dejó, comprometiéndose á pagarme... ¡cuando herede á su padre! ¿Habéis visto escarnio mayor de los santos vínculos de la familia, y hasta de los sentimientos del corazón humano?