—Item más, es público y notorio que á los señores de esta casa los miramos aquí, chicos y grandes, con mucho respeto y mayor estimación.

—Nada más justo...

—Siendo aquí todos cristianos, claro es que las gentes se han de amañar muy mal con los herejes... y amañándose mal con los herejes, resulta la consonancia al respetive del caso.

—Ó lo que es lo mismo: yo soy un hereje, y por hereje me reciben hoy de mala gana en Valdecines.

—Justo y cabal, ¡qué caráspitis!

—¿Y hasta ahora no habéis caído en la cuenta de mis herejías, Macabeo? Esto no es creíble. Algo más, que no quieres decirme, hay en el asunto... ¡Quiero saberlo todo, Macabeo!

Como estas palabras las dijera Fernando en tono asaz resuelto, Macabeo se juzgó descargado de escrúpulos y miramientos, y habló así:

—Parece ser también que usté estuvo el otro día en casa del señor cura.

—Cierto que estuve; y ¿qué mal hay en ello?

—Estando usté en casa del señor cura, díjole que quería hacerse cristiano.