—¡Qué ceguedad, Dios mío! —exclamó Águeda—. Si temió que yo pudiera algún día inficionarme con la ponzoña de esa infame calumnia, ¿por qué no me lo dijo?

—¡Y para qué?...

—¡Para qué!... Para quitar todo fundamento á sus temores... ¡para desprenderme de cuanto poseo! ¿Qué menos debiera yo dar por su felicidad y por la mía!

—El amor contrariado, Águeda, es como la mayor de las locuras: ciega á los hombres y los precipita en todo linaje de desatinos.

—No, doctor: lo que agita y embravece las pasiones en el corazón humano, es el desamparo del alma; lo que debilita al principio y enloquece después, es el desconocimiento de Dios... Se lo dije, doctor, se lo dije, porque le veía á obscuras y desesperado... ¡Infeliz mil veces el hombre que para luchar con las tormentas de la vida, no busca las fuerzas en los consejos de la religión!

—¡Ni gérmenes de ella había en Fernando, Águeda! —dijo el doctor en un desahogo amargo, pero espontáneo, de su conciencia—. ¡Ni eso siquiera!

—¡Y me culpaba usted de su muerte!

—Hacíame injusto la pena, y era el amor lo que le enloquecía.

—Navegaba en un mar de tempestades á ciegas é indefenso, y dió en ese escollo. En otro hubiera perecido lo mismo.

—¡Infeliz de mí si eso fuera cierto; porque la educación del desgraciado es obra mía!... Yo no le infundí otras ideas ni otro culto que el amor á las glorias mundanas; aplaudí sus triunfos en esas luchas sin caridad; con estas alas se elevó... y si es cierto que cuanto más libre es la razón, más esclava de las pasiones se hace el alma, su verdugo fuí... ¡Y era mi orgullo y mi regocijo! ¡Y cuando le soñaba entre los arreboles de su gloria coronando las canas de mi vejez, la desesperación le mata y la desdicha me ofrece su cadáver mutilado; y hasta la justicia humana le niega el triste consuelo de la sepultura en tierra bendecida para los hombres! ¡Donde le ví crecer lleno de vida y de esperanzas, donde más le sonreía la ilusión de sus amores, se pudrirán sus míseros restos señalados por el horror de las gentes, sin compasión á las lágrimas con que yo regaré el mármol que los cubra!