—¡Por vida de la nariz!... Pues mira, Bastián: tu tío no te espera.
—De voto de mi tío, no saldría yo de Santander hasta que pudiera entrar en Valdecines hecho un caballero. ¡Mira tú si es fantesía de hombre!... Conque, ya hablaremos, que me voy á verle.
—¿Á quién?
—Á mi tío.
—No está en su casa.
—¿Pues en dónde está?
—Aquí.
—Entonces, subiré...
—No se le puede ver ahora.
—¿Por qué?