—En llorar esa pena se te va pasando la vida. No hubo moza soltera en Valdecines, de veinte años acá, que no te haya oído la mesma sinjundia.

—¿Y qué?

—Que ni el Señor pasó de la cruz ni tú de ese jito.

—¿Y qué, Tasia?

—Que eres un baldragas, Macabeo.

—¡Caráspitis!

—Que te sobra lengua y te falta arrojo.

—Téngole como el que más, Tasia.

—Nunca dijiste á una moza: «por ahí te pudras,» y te bailan los ojos hasta delante de la más fea. ¿Qué quieres, hijo? ¿que ellas te ronden? ¡Pues Luca bien te quiso!

—¡Y se pregonó de la noche á la mañana con Chiscón el de la Rispiona!