—Dí que tantas veo, tantas quiero... y ná en junto.
—¡Eso sí que no, Tasia!... Á fiel no me gana un perro.
—Si no lo das á ver, trabajo perdido... ¡Y luégo te quejas!
—Porque se ríen de mí, ¡caráspitis!
—Y han de reirse hasta los cantos, y bien harán... Pues ¿cómo lo quieres, rapacín de la casa? ¿Dulce y con jisopo? ¡Ángel de Dios!... cuando ya los colmillos se te caen de viejos... ¡baldragonas!
—¡Tasia, no me provoques!... ¡Y mire usté cuándo!
—¿Cuando qué?
—Cuando tengo el corazón lo mesmo que una zambomba, reventando por cantar.
—¿No lo dije yo? ¡Otra tenemos! Pues canta, serrano[2].
[2] Pájaro feo, chiquitín y de voz desagradable.