—¿Y cuál es lo otro?

—Lo otro es... esto que yo hago: venir á verte de vez en cuando, interesarme por tí... y créelo, Solita, muchas cosas más que yo haría si me dejaras en paz y en gracia de Dios, libre de refunfuños y sermones; si tuvieras fe en mí; si jamás te acordaras de preguntarme dónde he estado, de dónde vengo y adónde vamos; porque soy de un temperamento tan especial, que los mejores propósitos se me evaporan si me preguntan por ellos antes de realizarlos; y en fin, Solita, porque mucha de la estimación en que tenemos á una persona, consiste en el buen concepto que ella forma de nosotros.

—No se pueden formar buenos conceptos sobre malas obras.

—Lo cual es decir que yo no las hago buenas.

—Ya me has oído.

—También tú á mí lo que acabo de decirte; pero, según las trazas, como quien oye llover.

—Palabras, Gedeón.

—Pues mira, Solita, por tí lo deploro.

—Sobre que el mismo pago me has de dar, ¿por qué no he de decirte lo que siento?

—¿De modo que me engañaras si mejor pago te diera?