—Pues eso es lo que no quisiera yo que se dijera mañana de mi hijo, por culpa de su madre.
—Muy bien pensado; pero ¿qué tengo yo que ver en todo eso?
—Bastante, señor.
—Pues usted dirá...
—Digo, con su venia, y si en ello no ofendo, que si usted, que es tan bueno y tan generoso...
—Muchas gracias.
—Me permitiera traerle á mi lado...
—¿Á quién?
—Al hijo.
—¿Sabe usted que por verme libre de ellos no me he casado yo?