Y la ocasión, al fin, se le presenta.

Gedeón no volverá á casa en toda la tarde, y Regla ha salido á la calle por largo rato, sin poder llevarse consigo á Merto, porque éste tiene los zapatos á componer. Temiendo que durante su ausencia haga su hijo alguna barbaridad, le ha amenazado con todos los castigos imaginables si se mueve del sitio en que ella le deja, entretenido en pegar con engrudo varios remiendos á una cometa. Merto ha prometido no menearse de allí.

Pero al quedarse solo, la sangre le hierve, los brazos le bailan, sus piernas brincan solas; y, para colmo de tentaciones, está enfrente de él, y abierto, el cuarto de la vara, y la vara delante de sus ojos cimbreándose sola, como diciéndole: «empúñame, y ¡á él!»

Además, hay en la casa muchísimos objetos que Merto no ha visto todavía por dentro, y tiene que verlos alguna vez; y esa vez no puede ser otra que aquélla, por lo mismo que, á la sazón, no hay nadie que le impida desarmar lo que le acomode y meter los dedos donde más le convenga.

Si sabe distribuir bien el tiempo, tiénele sobrado para hacer estas investigaciones y dar á Adonis la tremenda paliza.

¡La paliza sobre todo!

En la sala hay un reló de sobremesa, cuya péndola figura un niño columpiándose en una cuerda. Este columpio es la curiosidad que más preocupa á Merto desde que le vió por primera vez. ¿Por qué se mueve así? ¿Quién le da el empuje necesario? ¿Por qué se bambolea de atrás á adelante, y no de un lado á otro, como todas las péndolas que él ha visto?

Hay que aclarar este misterio á todo trance.

Y después de empuñar la vara y de cerciorarse de que no se oye ruido de pasos en la escalera, y de ver, con mucho sigilo, que Adonis tiene para rato con el sueño que está echando en su colchón del gabinete, acércase al reló, dejando para después de la batalla, si el estado de las cosas lo permite, el desarmar el barómetro y el filtro del comedor, la maquinilla del café, un calendario mecánico, una caja de música y otras maravillas que hay en el gabinete.

El temor de que su madre se vuelva á casa antes de lo que debe, obliga á Merto á hacer sus pesquisiciones sin el reposo que él desea; por lo cual le falta el tino que, en otro caso, tendría para manejarse con desembarazo.