Después sale detrás de Regla, chancleteando con los pies y requiriendo los pingajos de su vestido.
Cuando Regla cierra la puerta de la escalera, Gedeón, que se ha colocado á dos pasos de ella, la dice:
—¿Has visto á ese hombre?... ¿Le recuerdas bien?... Pues el día en que él vuelva á entrar por ahí, sales tú por el balcón.
En seguida se encierra en su gabinete, y bufa y patea.
En su concepto, la historia contada por el zapatero ha sido compuesta por su hija, ó de acuerdo con ella.
Quiere amenazarle con aquella afrenta constante, para reducirle mejor á los propósitos que ha tenido el atrevimiento de manifestarle muchas veces. ¡Insensata! ¡Y á tanto se atreve cuando ya no le queda un solo atractivo con qué justificar el oprobio que se le quiere imponer! ¡Cuando está deseando él una disculpa para deshacerse de ese grillete que le amarra y le desuella! Pero, bien mirado, ¿qué mejor ocasión que ésta para sacudirse las pulgas? Ahora ó nunca... No la dejará en la calle abandonada: cumplirá, en tan grave trance, como quien es; pero romperá toda conexión con ella, y quedará tan libre de su peso como estaba antes de conocerla.
Y así pensando, vístese acelerado y sale hacia la calle, abotonándose el chaleco en la escalera y haciendo en el portal el nudo de la corbata.