—Yo trato de poner las cosas en su punto, y nada más.

—Pues precisamente vengo yo á eso: á poner las cosas en su punto, y á ponerlas en seguida.

—Pues tú dirás...

—Antes tienes tú que decirme, por si también es de las partidas que deben figurar en la liquidación, cuál es el otro caso grave de que tienes que hablarme.

Aquí languidece de nuevo Solita; y como si de pronto olvidara todos los puntillos que tiene pendientes con Gedeón, mírale con los ojos casi en blanco; sonríele medio ruborosa, y exclama, á vueltas de algunos toques de mímica sentimental:

—¡Ay, Gedeón! ¡qué ocasión más providencial para dar al olvido resentimientos de vicio y quejas de tres al cuarto!

—Pues qué, ¿nos ha tocado la lotería?

—¡Sí, amado Gedeón; y el premio gordo!...

—¿Quieres hacer el favor de no bromearte, Solita, y acabar pronto de responderme?

—¿Tan de prisa estás?