XXIII
EL TERCER INCIDENTE
Cuando baja la escalera, parece un peñón que se desgaja y rueda al abismo: tal salta de tres en tres los peldaños; y aquí tropieza, y allí vacila, y más allá resbala; y á sus golpes crujen los tablones y tiembla la balaustrada.
Así llega al portal; y, sin pisarle más que una vez, quiere avanzar hasta la acera; y para conseguirlo, ha sacado ya la pierna fuera del batiente; pero otro hombre va á meter la suya al mismo tiempo y por el mismo lado de la puerta, de modo que el que entra y el que sale chocan como dos carneros; y con tal ímpetu, que el uno retrocede hasta la escalera, y el otro hasta el medio de la calle.
—¡Bruto!—ruge el de adentro.
—¡Animal!—exclama el de afuera.