XXIV
LO QUE ERA DE ESPERAR
En esto se despierta Adonis, que dormía en su rincón acostumbrado, y comienza á husmear el aire y á exhalar gruñidos, y á revolverse sobre el colchón, como si le amenazara una invasión de pulgas.
Un momento después aparece á la puerta del gabinete Regla con el manto sobre los hombros, recién destocada su cabeza, y detrás de Regla, Merto, asido de las faldas de su madre y tapándose con ellas. Al sentirle Adonis tan cerca, deja de gruñir y comienza á entonar una salmodia entre lúgubre y desesperada.
Gedeón, con la frente entre las manos y los codos sobre la mesa, ni advierte la presencia de los recién llegados, ni la inquietud del perro.
Regla avanza dos pasos más; Merto la sigue, y Adonis, al verse á tres varas de su odiado enemigo, concluye la salmodia con un trino convulsivo, y de un salto se coloca junto á su amo.
Entonces se fija éste en lo que sucede.
—¿Qué hay?—pregunta á Regla, alzando la cabeza.